Este blog podría haberse llamado COGIENDO VÍAS CAMBIANDO SUEROS si lo hubiese enfocado a mi profesión de enfermera en el Hospital Materno-Infantil de Málaga, pero como hay una vida soñada que a veces es más real que la vivida, me encuentro trabajando a media jornada para compaginar la enfermería con la pintura y la fotografía. Es por eso de la vida soñada que mi blog trata de lienzos y colores y no de vías y sueros.
Es curioso cómo, a veces, uno encuentra un texto acerca de cualquier rama artística donde menos te lo esperas. Pedro anda leyendo estas noches El Profesional, una novela de W. C. Heinz editada por Gallo Nero, en cuya cubierta se ve una bonita ilustración de Manuel Romero. Pues bien, anoche recabó mi atención para leerme este texto, en el que se relaciona el boxeo con la escultura:
Cuando un chico arranca para convertirse en boxeador y, en algún lugar, se mete en un gimnasio bolsa de deporte en mano, es como un bloque de mármol en bruto salido de la gran cantera que es la masa humana. En cualquier bloque, un picapedrero puede ver muchas cosas, pero un maestro escultor no ve más que una. A su juicio, no hay dos bloques de mármol iguales y lo que él ve es aquello para lo que ese bloque se creó, y así es como nace la Victoria de Samotracia.
Además, así es como ha sucedido siempre con Doc. En el negocio del boxeo, como en cualquier otro, hay centenares de picapedreros y tres o cuatro maestros escultores, y el mejor escultor era Doc. Le estuve observando muchos años con una docena de boxeadores, trabajando meticulosamente con la razón y la inspiración, dando forma poco a poco y retirándose unos metros para contemplar lo que había hecho, y ocultando su nerviosismo, y su miedo también, tras esa fachada cínica.
Hasta que llegó Eddie Brown, el Diácono Fraley era el número uno más aún que Rusty Ryan. Cuando trabaja el mármol, el mejor escultor del mundo no puede añadir nada. Si no está en el bloque, no está. Nadie lo crea y, por tanto, ningún hombre es auténticamente creador, sino que lo que hace es revelar la forma eliminando todo lo demás. Eso es lo máximo que se puede aproximar un hombre a la creación, y esa es la razón por la que los grandes tienen miedo. Solo ellos pueden verlo todo y les da miedo que, en el proceso de eliminación, no consigan revelar la totalidad y que lo que está oculto quede oculto para siempre. Tienen aún más miedo incluso de recortar demasiado en el proceso y destruir para siempre buena parte de lo que ven. Así sucede en la creación de todas las cosas, incluida la de un boxeador.
La comparación me parece de lo más acertada; tanto como sacar aquí a relucir los dibujos de Vincent Valdez (1977, San Antonio (Texas)) que Sergio Camacho me mandó hace tiempo en un archivo.
Vincent Valdez, tinta/papel 2012
Vincent Valdez Laugh today cry mañana, 2008 lápiz en papel
Vincent Valdez, carboncillo en papel 2002 Serie Stations
Vincent Valdez, carboncillo en papel Serie Stations
Vincent Valdez
Vincent Valdez, carboncillo en papel 2002 Serie Stations
Vincent Valdez Death of the prize fighter carboncillo en papel 2006 (de la serie Stations)
Mayo es el mes de las flores, el mes de la Virgen (recuerdo cuando desde el colegio nos llevaban a todas la niñas, con nuestros uniformes bien planchados y en perfecta fila, hasta la iglesia de Carranque a rezar y a cantar a la Virgen), el mes de Las Cruces y también el mes de Los Patios de Córdoba; y es precisamente en Córdoba, en la calle Martín de Roa del barrio de San Francisco, donde el Ayuntamiento de la ciudad ha ubicado el conjunto escultórico de José Manuel Belmonte, un homenaje a "los cuidadores de los patios", que "representa al futuro y al pasado dándose la mano, pasándose una maceta, como símbolo del tránsito entre generación y generación para conservar la tradición de los patios cordobeses."
Homenaje a los cuidadores de los patios en la fase de molde y modelado
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
"¿Como te gusta ver representada la escultura? La obra de arte tiene su sitio ideal. Para la pintura están los museos y para la escultura los monumentos en espacios abiertos. Una escultura no tiene que ser mejor por ser de mayor tamaño ni por la ubicación, pero una buena escultura en un espacio público se convierte en un símbolo que embellece y potencia el lugar. [...]".
Pues bien, ese deseo ha sido cumplido una vez más. Y digo una vez más porque ya el año pasado realizó un primer homenajea los patios con La Regadora (escribí una reseña con fotografías en este blog, en la entrada "Escultores" , después de que me lo encontrase con las manos en la masa ultimando la instalación de la escultura en la Puerta del Rincón). http://luciarodriguezvicario.blogspot.com.es/2014/04/escultores.html
Estudio de Belmonte con La Regadora al fondo Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Estudio de Belmonte en Córdoba, 2015 Fotografía: Lucía Rodríguez
En esta nueva ocasión también he podido seguir parte del proceso de creación, ya que hace unos meses visité su taller, donde andaba trabajando en el modelado del abuelo. Fue una visita muy generosa, llena de explicaciones, de anécdotas, de proyectos y, como no, de fotos.
En esta fase de desarrollo se encontraba la escultura en el momento de mi visita
Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
José Manuel Belmonte con Lucía Rodríguez. Fotografía: Alfonso Alonso
El lugar es un espacio donde perderte y recrearte entre figuras, llenas de expresión y sentimientos, que te atraen y te atrapan en sus propios pensamientos y emociones, como si tuviesen vida y una pudiese adivinar qué pasa por sus cabezas, por esas testas de poliéster, de bronce o de plastilina de modelar.
Taller de José Manuel Belmonte en Córdoba, 2015. Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Taller del escultor Belmonte en Córdoba, 2015. Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Pasear entre sus hombres pájaros que parecen sopesar el momento de salir volando;
Hombres pájaro de Belmonte
Fotografía: Lucía Rodríguez
Reproducciones en pequeño formato de los Hombres pájaro de Belmonte Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
entre esos viejos que vuelven a ser niños y necesitan ser cuidados como en los primeros compases de sus vidas;
Escultura de Belmonte de la serie El recreo de los ausentes Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Esculturas de Belmonte de la serie El recreo de los ausentes Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
entre esas figuras que se elevan en el justo momento en que el alma abandona sus cuerpos,
Esculturas de José Manuel Belmonte Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
me llevó a pensar en la esencia del ser humano, en qué es la vida y lo que ésta conlleva.
Tengo en casa varios libros sobre Belmonte: La levedad del alma, con poemas de varios autores inspirados en la obra del escultor; El recreo de los ausentes, que recoge la serie inspirada en los enfermos de Alzheimer,
y Belmonte. Esculturas, que reúne gran parte de la obra del artista. Son ediciones muy cuidadas, con una gran calidad de reproducción fotográfica, en las que podemos disfrutar de sus series. En ellas, el estudio de la anatomía y de las expresiones queda reflejado con gran maestría, de forma que no dejan indiferentes al espectador.
Detalle de una escultura de "los ausentes" de Belmonte Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Detalle Hombre pájaro de Belmonte. Fotografía: Lucía Rodríguez
El último de los volúmenes, se complementa con algunos fotomontajes: escenas virtuales que nos muestran las esculturas en diferentes lugares de Córdoba. Lo que nos lleva de nuevo a esa intención y a ese deseo por parte del artista de que el arte esté en la calle. Y yo añadiría: para disfrute de todos nosotros.
Si queréis ver esos fotomontajes o profundizar más en la figura de este gran escultor, podéis visitar su página en el siguiente enlace:
Una termina de leer un libro y sus páginas se quedan vagando por un tiempo en la cabeza; a veces, incluso se produce la magia y lo vivido parece tomar cuerpo en la vida real.
Eso es lo que me pasó hace unos días cuando, semanas después de terminar la lectura de La agoníay el éxtasis, visité a Roberto Manzano en Olula del Río. Entrar al taller y encontrarlo encaramado a un andamio frente a 6 metros de deslumbrante mármol blanco, fue trasladarme automáticamente a la novela de Irving Stone sobre el genial Miguel Ángel Buonarotti.
[...] produjeron una grieta en la sólida escarpa de mármol, que los canteros forzaban con palancas y piochas, empujando las cuñas más adentro para desalojar el mármol de su lecho. El capataz gritó: "Caída hacia abajo", y los pequeños bloques laterales volaron hacia los cantos de la zona plana utilizada para trabajar. El bloque principal se desprendió de sus adherencias con el estruendo de un árbol que se quiebra, y cayó con tremendo impacto en el espacio nivelado al pie, partiéndose según sus cuarteaduras.
Grande fue la decepción de Miguel Ángel después de examinar el enorme bloque mellado.
-Linda pieza de carne, ¿no? -dijo "El Barril".
-Es buena, pero está llena de vetas.
-El corte es casi perfecto.
-Pero yo lo quiero perfecto.
"El Barril perdió la serenidad.
-Hace un mes que canteamos para ti y no hemos visto el primer ducado.
-Os pagaré mucho dinero por mármol blanco para estatuas.
-Quien hace el mármol es Dios. Quéjate a Él.
-No, mientras no esté convencido de que no hay bloques más blancos detrás de éstos.
-¿Quieres que derrumbe todo el cerro?
Exterior del taller donde trabaja Roberto Manzano. Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Tantos bloques de mármol blanco, como el de Pietrasanta que quería el Papa León X, tantos restos de piedras, tantas esculturas y tantos modelos me hacían respirar al ritmo de sus páginas.
[...] Por fin Bertoldo se dio cuenta de que Miguel Ángel había llegado a los límites de la paciencia. Un día puso su brazo frágil como una hoja de otoño en el hombro del muchacho para decirle:
-Ahora, a la escultura.
Gotas de sudor brillaron en la frente de Miguel Ángel y su corazón palpitó con violencia.
-Pero ¿qué es la escultura? -prosiguió el maestro-. Es el arte de quitar todo lo superfluo al material escogido, para reducirlo con la ayuda del martillo y el cincel a la forma concebida por el artista. O también se puede adicionar el material, cuando se modela en cera o arcilla.
Miguel Ángel movió la cabeza.
-Ése no es mi deseo. Yo quiero trabajar como trabajaban los griegos, directamente en el mármol.
-Esa es una ambición muy noble; pero ante todo tienes que aprender a modelar en cera y en arcilla.
Bertoldo le enseñó a preparar una armazón con pedazos de madera o alambres. Una vez concluido el esqueleto, Miguel Ángel inició la aplicación de la cera caliente para una figura con tres dimensiones, guiándose por un dibujo de dos.
-Debe ser perfecta -advirtió Bertoldo-, no solamente vista de frente, sino desde todos los ángulos. Lo que significa que cada obra ha de ser modelada no sólo una vez, sino trescientas sesenta, porque se transforma en una obra diferente al modificar su gradación.
[...] -No olvides que la figura que esculpes debe acoplarse con el bloque. Para descubrir el curso de sus venas, échale agua. En seguida Bertoldo le habló de las burbujas de aire y de los sitios en que se ahueca el mármol por la acción de los agentes atmosféricos. No son visibles desde afuera y hay que aprender a descubrirlos.
[...] Miguel Ángel pasó de bloque en bloque golpeándolos con el martillo. Los bloques sólidos producían una especie de campanada; los defectuosos, un rumor sordo. Un pedazo, curtido por la intemperie, tenía una corteza endurecida que con el cincel y el martillo Miguel Ángel rebajó hasta encontrar la lechosa sustancia interior. Para descubrir el rumbo de las venas rompió los filos altos con el martillo fuertemente agarrado, y hallando el pedazo a su gusto, tomó un carbón y dibujó en el mármol la cabeza de un anciano. Luego alzó un banco, y poniéndose a horcajadas sobre el mármol lo aseguró entre sus rodillas tomando entre sus manos el cincel y el martillo. A medida que desbastaba el bloque, disminuía su tensión interior; la piedra entraba en él, y en alguna forma le completaba. Su brazo era más ligero y más fuerte a medida que pasaban las horas y él avanzaba en la total posesión del mármol. La creación de una obra de arte es un acto de amor, y para Miguel Ángel equivalía a una sensación suprema.
Al llegar Bertoldo y encontrarlo sumido en su trabajo, lanzó una exclamación:
-¡Ah, por favor, ése es un procedimiento equivocado! ¡Detente!
Pero como Miguel Ángel no lo oyera, Bertoldo sacudió la cabeza con un gesto de resignada decepción.
-Es como prohibirle la erupción al Vesubio -dijo para sí.
El taller en el que
trabaja Roberto Manzano no es la combinación de fragua, carpintería y
herrería en el que aprendía Miguel Ángel de su maestro Bertoldo, pero,
con la salvedad de que la tecnología ha sustituido a muchas de las
herramientas y modificado la forma de trabajar, el ambiente no parece
muy diferente al de hace 500 años.
Taller en el que trabaja el escultor Roberto Manzano. Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Taller en el que trabaja el escultor Roberto Manzano. Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Roberto Manzano es un escultor madrileño que en su momento decidió trasladarse a la zona de las canteras de mármol de Macael, Almería, para estar más cerca de la materia prima con la que trabaja. Participó en La Gallina Ciega, y ha realizado numerosos monumentos públicos, habiendo sido su trabajo reconocido con varios premios nacionales e internacionales que han llevado su arte a países como Italia, Francia, Hungría, Turquía, Egipto o los Emiratos Árabes.
Roberto Manzano trabajando en la escultura Libertad Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
El escultor Roberto Manzano trabajando en la escultura Libertad Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Actualmente está ultimando la obra Libertad, un proyecto de Andrés García Ibáñez, quien ha diseñado el modelo para que Roberto lo ejecute, una escultura que se instalará en la localidad almeriense de Fines con motivo del Día Internacional de la Violencia de Género contra la Mujer.
Roberto Manzano trabajando en la escultura Libertad. En primer plano el modelo diseñado por Andrés García Ibáñez Fotografía: Lucía Rodríguez Vicario
Entre sus futuros proyectos, me mostró la imagen de un ángel lleno de finura, armonía y delicadeza; una figura que espero mostraros aquí pronto.
P.D.: Los textos señalados pertenecen a la biografía novelada de Miguel Ángel, La agonía y el éxtasis, condensado del libro de Irving Stone por Selecciones del Reader's Digest (Iberia) S. A. Para los que no leáis, tirón de oreja y un tráiler de la película La agonía y el éxtasis, dirigida por Carol Reed en 1965, con Charlton Heston y Rex Harrison en los papeles protagonistas.