Este blog podría haberse llamado COGIENDO VÍAS CAMBIANDO SUEROS si lo hubiese enfocado a mi profesión de enfermera en el Hospital Materno-Infantil de Málaga, pero como hay una vida soñada que a veces es más real que la vivida, me encuentro trabajando a media jornada para compaginar la enfermería con la pintura y la fotografía. Es por eso de la vida soñada que mi blog trata de lienzos y colores y no de vías y sueros.
Si desplegamos un mapa de España y trazamos una diagonal uniendo Logroño y Zaragoza se origina una línea casi paralela al curso del río Ebro. Y si estos puntos los encuadramos en un rectángulo, localizaremos la zona –más un país imaginario– donde Carlos Traspaderne ha desarrollado su trabajo fotográfico, que lleva por título Riberia.
Mapa de Riberia según la información de Carlos Traspaderne. Realizado por Jorge Elías
Si nos atendemos a lo geográfico, Riberia podría ser el trozo que tierra que baja, ya pasado Logroño, hasta bien entrado Aragón, pasando por lo que podría ser su bicéfala capitalidad: Calahorra y Tudela. […] Porque Riberia es una tierra llana y roja, moldeada por su gran río en milenios de erosiones. Una cuenca sedimentada con la más rica de las tierras que, de no estar regada por el Ebro, solo sería un erial, parecido a las cercanas Bardenas. Esa paradoja nuclear de Riberia se contagia a sus habitantes, formados como su tierra por estratos acumulados de historia: íberos, rascones, celtas, romanos, godos, musulmanes y cristianos. Estos últimos amurallaron sus reinos para tejer las fronteras actuales, a pesar de todo lo que unió a los pobladores durante siglos: las tribus prerromanas comunes, la lengua romance navarro-aragonesa o las intensas relaciones comerciales.
El ribero somete su terruño con la misma entereza que el Ebro arrastra la zaborra. Sin contemplaciones, transforma su hábitat para adaptarlo a sus necesidades. Toma y readapta materiales sin concesiones a futilidades como la belleza o el buen gusto, practicando la sinceridad que otorga el pragmatismo. Esta forma de moldear el entorno es la seña más directa y contundente de la independencia estética de Riberia, y es la que se ha intentado plasmar en estas imágenes.
Un río entre tierras. Carlos Traspaderne
Este proyecto fotográfico fue galardonado en la XXXI Muestra de Arte Joven de La Rioja, en la sección de Proyecto de desarrollo artístico, expuesto en La Casa del Libro de Logroño y llevado a formato libro por Aloha! Editorial, que ha tratado con mimo y cuidado la obra de Carlos Traspaderne. Un volumen que se acompaña de un mapa de la zona y de cuatro textos: de Mónica Yoldi López, profesora de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, del fotógrafo pamplonés Carlos Cánovas, de la editora Adriana Bañares y del propio Carlos Traspaderne.
Riberia. Carlos Traspaderne. Editado por Aloha!
Eso sí, no os dejéis llevar por el paisaje a color que figura en la portada. Sí, son fotos de paisajes, pero no solo es paisajismo fotográfico lo que nos vamos a encontrar. En sus páginas hay mucha fotografía documental, porque Carlos Traspaderne dispara la cámara sabiendo muy bien qué parte del paraje y qué elementos quiere capturar, a la búsqueda de una reflexión sobre la convivencia del hombre con la naturaleza. Tampoco hay color en su interior, pues todas las imágenes están realizadas en blanco y negro. Al modo de las catalogaciones del matrimonio Becher y sus fotografías centradas, frontales, estáticas, ordenadas, neutrales y en blanco y negro, Carlos Traspaderne nos presenta un muestrario de construcciones campesinas, casas fabricadas con retales y muros que aún se mantienen en pie.
Caballito, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Büstner, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Terreno particular, 2012. Fotografía de Carlos Traspaderne
Traspaderne se fija en esa arquitectura efímera que hace uso del reciclaje y que se encuentra en los aledaños de un río o de una población cercana; expuesta a su desaparición por las crecidas de las aguas o por el éxodo de sus moradores hacia los núcleos urbanos.
Nissan Micra, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Caseta de tiro, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Bidón, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Barbacoa, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Almendro, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
En las instantáneas de Carlos Traspaderne se respira sosiego, soledad e inquietud. Tras su aparente objetividad, hay un trasfondo subjetivo que nos lleva a meditar sobre la vida fuera de la ciudad, sobre los cambios que la sacuden, sobre el abandono, sobre el paso del tiempo y, quizás también, sobre el paso del río, ese Ebro que alimenta las huertas y da vida a las riberas, pero que se hace inmenso y cruel cada vez que se desborda.
Flor, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Hilanderas, 2014. Fotografía de Carlos Traspaderne
Gasóleo B, 2012. Fotografía de Carlos Traspaderne
Cabaña El Bienestar, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Debe de ser Carlos Traspaderne una persona tranquila y serena, pues este trabajo, con película analógica, sería imposible de realizar sin calma. La misma que ha debido de emplear durante cuatro años –entre 2012 y 2016– para patearse estas tierras con su cámara al hombro, una Hasselblad 500 C/M de 1974. Un guiño inequívoco al paso del tiempo, y una prueba de amor por esas tierras.
Yegua, 2015. Fotografía de Carlos Traspaderne
Gorrión, 2012. Fotografía de Carlos Traspaderne
Estas fotografías quieren que nos detengamos en lugares sin gracia aparente, al pie de un camino apartado, ante construcciones humildes un tanto perdidas en campos grises bajo cielos grises. Tienden hacia el "no paisaje". Nos proponen la contemplación de huertas, árboles, vallas, paredes improvisadas y sin pretensiones, precarias a menudo, cabañas donde guardar algunos aperos o sencillamente nada, lugares para dar familiaridad a un trozo de campo, en los que descansar unas horas, refugios para guarecerse un rato o donde buscar quizás el ritmo más lento del labrantío, de los días, de las estaciones.
En unas horas esto se acaba. Me refiero al 2019. Y seremos muchos los que seguro que a lo largo del día de hoy daremos un rápido repaso mental a todo lo vivido en sus doce meses.
Yo, para salvar esos lapsus que a veces nos juega la memoria, he recurrido a mi blog; y así, revisando lo que ha pasado por Manchando lienzos manejando colores consigo que no se me escape nada.
Manchando lienzos manejando colores en 2019 Lucía Rodríguez Vicario
Obviamente el blog no recoge todo lo que yo hubiese querido, las obligaciones priman sobre las intenciones y han sido algunas las entradas que se han quedado sin redactar; aunque no os preocupéis, que conservo la documentación y de alguna manera encontrarán aquí su espacio.
De todas formas, me reconforta ver que durante el año no faltaron exposiciones que visitar, fotografías que contemplar, libros que leer y artistasinteresantes de losque hablar; por lo que no me queda otra que darle las gracias al 2019 y confiar en que no sea menos el 2020.
Jim Dine en el Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
El pasado mes de julio asistí al "preestreno" de la exposición del artista Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. La cosa prometía. El estadounidense iba a presentar la muestra a la prensa y a intervenir en directo uno de los muros de la sala –el día anterior o esa misma mañana ya había dejado su grafía en otras paredes del museo–.
Poema de Jim Dine junto a una de sus esculturas en el Centro Pompidou Málaga, julio de 2019. Fotografía: Lucía Rodríguez
Pinocho y poema de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
A sus 84 años, el artista nos ofreció un recorrido por su vida y su arte a través de una retrospectiva que recoge una treintena de obras realizadas entre 1961 y 2016. Se mostró espontáneo y cercano, no rehuyó temas personales y tiró de ironía a la hora de responder algunas de las preguntas. La buena onda solo se alteró ante un malentendido: "A mí me gustaría que nos hablara de la importancia del arte en directo, de la intervención que va a hacer aquí también, de obras que va actualizando con el tiempo... ¿Qué valor tiene para él el arte que se produce en ese instante?", le preguntó una periodista. Se lo tradujeron a Jim, pero este no entendió lo que le decían. Pidió que se lo aclararan, e intervino en la traducción otra persona, pero al final, con idas y venidas, lo único que consiguieron fue embrollarlo todo más. La periodista se refería a la obra que iba a hacer en la pared, pero él entendió que le estaban diciendo que su obra estaba en proceso, y, claro, se rebotó: "¡Ésta es toda mi vida! ¡No es obra en proceso! ¡Está terminada!". Para mi asombro, nadie hizo más por aclarar el entuerto.
Jim Dine en la presentación a los medios de su exposición en el Pompidou Málaga, 9 de julio de 2019. Fotografía: Lucía Rodríguez
Fragmento entrevista a Jim Dine
Entrevista completa a Jim Dine
No sé si fue por aquella contrariedad, pero al terminar la entrevista y despedirse educadamente de los asistentes, Jim Dine se fue sin intervenir el panel gris –dijeron que estaba cansado y que lo haría en otro momento–.
Panel preparado para la intervención de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Y como me picaba la curiosidad, hace unos días me pasé por el Pompidou para ver qué me encontraba en el panel.
Intervención de Jim Dine en uno de los paneles del museo Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Al volver a pasear por la exposición, pude confirmar que, como afirmaba el artista en el entrevista, ahí estaba toda su vida. Jim Dine, el padre del happening, se mueve entre la pintura, la escultura y la poesía para expresar sus vivencias, inquietudes o pensamientos, representados en los objetos, ropas y personajes que le han acompañado a lo largo de su existencia.
Pinocho, obra de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Pinocho refleja el sentimiento del artista en el proceso de creación; con las herramientas nos retrotrae a su infancia en la ferretería de sus abuelos; los albornoces, trajes, zapatos y otras prendas son una extensión del cuerpo del propio artista; y la Venus de Milo y los corazones elementos que conectan con el arte clásico y los sentimientos.
Esculturas de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Detalle de una obra de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Obra de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Mi esmoquin muestra a la luz un sorprendente borde difuminado (1965) Obra de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
"Esta exposición muestra el conjunto excepcional de obras donadas por Jim Dine entre 2017 y 2018 al Musée national d'art moderne, Centre Pompidou. Con esta donación, el artista quiso agradecer a Francia haberle inspirado una estética que ha alimentado su obra.A través de una lectura temática de las obras, la muestra destaca el trabajo introspectivo de Jim Dine. Él expresa su incesante exploración autobiográfica mediante la elección de objetos simbólicos: las herramientas evocan sus recuerdos de infancia y los corazones, sobre los que reposan ropas o utensilios del artista, conservan rastros de su vida. El autorretrato, hilo conductor de su obra, se disimula bajo múltiples alter ego. Los albornoces, las Venus o los Pinochos son figuras emblemáticas, encarnaciones metafóricas del artista. En obras recientes, su experiencia está representada por el tema del acto creativo.Los temas predilectos de Jim Dine se enmarcan en la actividad poética a la que siempre se ha dedicado. Sus poemas, construidos por cut-up, están trabajados como un material físico, "una cosa" con volumen peso, forma y, por supuesto, sonido. escritas por el artista con carboncillo en las paredes de la exposición, las palabras amplifican las cualidades plásticas y simbólicas de sus obras."
Cartela introductoria a la exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga. Fotografía: Lucía Rodríguez
Lucía Rodríguez realizando fotos en el preestreno de la exposición de Jim Dine en Málaga Fotografía: Ñito Salas (Diario Sur)
Exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez
Nota: Esta entrada está dedicada a Victoria Abón, profesora de fotografía de la Escuela de Arte de San Telmo, que fue quien me invitó al preestreno de la exposición de Jim Dine en el Centro Pompidou de Málaga.
Victoria Abón fotografiando la exposición de Jim Dine en el Pompidou de Málaga Fotografía: Lucía Rodríguez