martes, 11 de marzo de 2014

RICHARD DADD Y LOS MALDITOS ETIQUETADORES DE PERSONAS


"La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia".
Edgar Allan Poe


Podemos disfrutar viendo un cuadro, escuchando una canción o leyendo una historia, pero poder disfrutar de todo eso a la vez es algo que no sucede con frecuencia. Pues bien, a mí me pasó el otro día al abrir el mail de un amigo. RICHARD DADD y los malditos etiquetadores de personas se leía en el asunto. Venía acompañado del cuadro The Fairy Feller's Stroke-Master, una embaucadora escena, en pequeño formato, repleta de hadas, duendes, gnomos y humanos que aparecen entre la vegetación. Criaturas de los bosques y de la campiña inglesa que conforman todo un mundo alegórico surgido de su mente y de su dolor.



The fairy feller's stroke-master (El golpe maestro del leñador mágico), obra de Richard Dadd


 Richard Dadd trabajó en esta obra durante nueve de los veinte años que estuvo internado en un centro psiquiátrico de Bethlem, y, pese a que no la daba por terminada, se la regaló a un enfermero al ser trasladado a otro centro, en Broadmoor, donde pasó otros tantos años hasta su muerte.



Richard Dadd


 La historia de Richard Dadd bien da para una película o un documental. A mí me fascina que pasara nueve años volcado en una obra, como también me fascina el viaje que inició en 1842, contratado por su amigo el abogado Sir Thomas Phillips, para dibujar el itinerario de éste por Italia, Grecia, Turquía, Palestina y Egipto.




La casa de Herodes, Jerusalén. Obra de Richard Dadd


Caravana detenida a la orilla del mar. Obra de Richard Dadd


Minarete de la Gran Mezquita, Damasco. Obra de Richard Dadd


 Fue en el Nilo donde Dadd, que ya estaba etiquetado como bipolar, sufrió un brote psicótico. Al parecer, por culpa de las drogas o de una insolación, se creyó un sacerdote del dios Osiris, lo que precipitó su regreso a Inglaterra. Para restablecerse, se instaló en el campo con su familia; pero no debió ser suficiente la calma de la naturaleza, pues durante un paseo, convencido de que su padre era un príncipe de las tinieblas, enemigo de Osiris, lo asesinó. Huido a Francia, fue detenido, trasladado de nuevo a Inglaterra e ingresado en el centro psiquiátrico de Bethlem. Allí, pasado un tiempo, a alguien se le ocurrió facilitarle material para pintar, actividad en la que se volcó el resto de su vida, con obras, como The Fairy Feller's Stroke-Master que hoy cuelga en la Tate Gallery de Londres.



Come into these yellow sands, obra de Richard Dadd


Oberon y Titania, obra de Richard Dadd


Puck, obra de Richard Dadd


 Hasta aquí, un cuadro y una historia. Pero qué hay de la canción, os preguntaréis. Ahí es donde interviene Freddie Mercury, el líder del grupo Queen, quien impactado por el cuadro y la historia se propuso componerle un tema, una canción que lleva el mismo título del cuadro y que se publicó en 1974 en el segundo álbum del grupo: Queen II.





 Es curioso que los problemas mentales de Richard Dadd no le impidieran crear una obra maestra, también la relación entre otros muchos artistas y los centros psiquiátricos en los que por unos u otros motivos fueron internados en algún momento de su vida. Ahora mismo me vienen a la mente los nombres de Camille Claudel y Leonora Carrington, mujeres a las que tengo muy presentes por mis últimas lecturas.

 El arte es crear. La creación es aportar algo que no existe, que no está hecho, que no entra dentro de lo normal y que por lo tanto se sale de la norma. Esa norma que pone "etiquetas", cortapisas contra las que, afortunadamente, a veces se rebela el genio creador.


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